2pxLas Flores



La toma heroíca de San José Las Flores.
En la actualidad en San José Las Flores tienen un estilo de vida bastante peculiar. Es uno de esos lugares del departamento más tranquilos a nivel nacional. Esta situación se puede constatar en cualquier día de la semana que se visite el lugar.  La gente puede caminar tranquilamente por el pueblo sin temor a ser asaltado o amedrentado por algún simpatizante de maras. La amenaza de violencia no existe en el pueblo. Una figura de mucha importancia en el municipio es sin duda la presencia de las religiosas de La Asunción, quienes han estado acompañando al pueblo desde 1986, y quienes se han quedado ahí y siguen demostrando con su compromiso pastoral que al pueblo no lo dejan solo. Ha sido un acompañamiento desde los años 86 cuando Monseñor Rivera y Damas quien visitó la zona aún en tiempos de guerra; y luego de escuchar a la población y verificar por él mismo que había población civil que milagrosamente escapaba de los bombardeos con vida, fue cuando él decidió que era necesario el acompañamiento religioso de esta población.
Jugando

Una de las actividades de esparcimiento de los lugareños es jugar naipes en el parque.

Monseñor Rivera quien se conmovió hasta las lágrimas cuando vió y escuchó a la gente en esta zona que lo único que pedían era que los salvara, que los librara de los constantes bombardeos que habían. Antes de llegar a Las Flores la gente vivía en los montes, en los cerros de los alrededores de Chalate quienes huyendo de la persecución constante habían hecho del monte su lugar de vivir, para protegerse de los bombardeos del ejército. Luego de varios años de andar guindeando,  en marzo de 1986 más de un centenar de personas pidieron refugio en la Iglesia de Dulce Nombre de María. El ejército los capturó a todos  y los llevó al destacamento militar No. 1, También hubo muchas de estas personas que estuvieron refugiadas en Calle Real, otro refugio ubicado en San Salvador.
Eran aproximadamente unas 10,000 personas las que estaban en ese refugio. Fue entonces cuando acudieron al arzobispo para pedirle su ayuda. Monseñor Rivera y Damas asumió esa responsabilidad con la gente y en una singular peregrinación,  única  en la historia del conflicto salvadoreño, acompañados de ONGs, grupos eclesiales y sociedad civil, la gente marchó hacia su destino elegido, que era San José Las Flores. Monseñor Rivera les había sugerido este lugar por su cercanía con la cabecera departamental.  El mismo les había pedido que se concentraran en un solo lugar. Desde ese momento  organizó el envío de Las Hermanas de la Asunción, para que acompañaran a los refugiados y se quedaran como sus representantes en San José Las Flores.  El pueblo se encontraba lleno de monte, pero aún así, se conservaban algunas casas en buen estado, al igual que la iglesia que servía de refugio en los momentos de los bombardeos. Cuando llegaron al pueblo, eran tiempos de guerra. La sociedad civil se sentía protegida por la guerrilla, y ellos habían creado nuevas estrategias para avisar a la población cuando los operativos se acercaban.

La hermana Teresa García, una de las religiosas de Las Hermanas de la Asunción que está acompañando al pueblo desde 1986, nos cuenta su experiencia de la siguiente manera:
Hermana Teresa
 Entrevista a la Hermana Teresa García sobre sus experiencias en el pueblo.

"..La gente que estaba en la guerrilla se quedaban en la periferia y avisaban cuando entraba operativo, ya fuera el Belloso, Bracamamonte o el DM1. Esos momentos fueron muy duros.  En una ocasión vino el Comandante Cáceres Cabrera, oficial del Batallón Atlacatl, dándoles cuadernitos  a los niños y les decía que a quien respondiera bien a sus preguntas les iba a dar un colón, y preguntaba  quien era el jefe, qué donde estaba su papá. Los niños asustados algo dijeron, y andaban   los soldados en las casas y dejaban granadas en ellas y luego pasaban a catear y decían que habían encontrado las granadas en esa casa,  viendo todo eso dijimos no, aquí debemos de  tener una buena estrategia de defensa. No tenía sentido seguir de esa manera. Primero en reunión con los líderes comunales y después en Asamblea,  desde  la palabra de Dios sacábamos lo que teníamos que hacer, todo era muy bonito … se llegó a tomar una decisión:  cuando se supiera que había operativo militar se repicaba, y al oír el repique de las campanas toda la gente se concentraba  en la iglesia. No íbamos a permitir que se llevaran a nadie, no íbamos a dejar que nadie nos utilizara. La gente contaba lo que les había pasado, y ante eso que se podía hacer. Eso es precisamente  HUMANIZAR la guerra. Monseñor Rivera cuando nos envió a este lugar nos envió con esa consigna. Eso fue los inicios…en junio de 1986  Cáceres Cabrera mandaba Recondos  quienes se  metían en estos lugares, algunos venían por tierra.
Los de la RECONDO eran espías y avisaban a los otros militares quienes luego aparecían en helicópteros, y una vez después de una asamblea estos Recondos se llevaron a una persona, cuando la familia avisó de su desaparición toda la gente se organizó para irlo a buscar…cuando algo pasaba a alguien todo el pueblo colaboraba. Nosotras siempre hemos estado acompañando todo esto siempre con la fuerza de la  palabra de Dios. La gente llegó aquí  con una organización muy fuerte. La vida en  las bases era con salud y educación. Cuando se llegó aquí al pueblo también se tuvo la ayuda de Cáritas y con eso se mejoraron los servicios de la población.  Nos mandaban cosas. Poco a poco llegaron grupos de médicos y mucha gente voluntaria de otros países. A los promotores de salud se les dió más formación. Mandaban también  la medicina que se podía. Había mucha medicina exterior. Venía la cruz roja internacional y se llevaba heridos que aquí no se podían salvar. También en la parte de educación todo se hacía democráticamente. En las asambleas, los que podían leer un poquito eran los maestros, con segundo grado muchos de ellos….En cuanto a los servicios básicos no había energía eléctrica, pero agua sí. Se logró reparar el sistema anterior y llegaba el agua al casco, y se utilizaban las quebradas para lavar la ropa. La gente cultivaba y los soldados destrozaban todo,  fue otra experiencia  muy bonita de humanización.

También en ese tiempo hubo gente que murió por las minas. La seguridad era la unidad, y así fue. Después en
1987, en Octubre llegaron de Mesa Grande, Honduras a habitar Guarjila. Ya era un tramo más corto para tener más vecinos. En Las Limas no había gente, tampoco en La Lagunita.  Todo eso era un monte altísimo, por ahí crece mucho el zacate jaraguá. Cuando había población aquí, y el ejército tiraba bombas, éstas quemaban  todo y había fuego por todas partes. Eso permitió ver los lugares donde había casas. Unas veces quemaba la guerrilla y otras  veces los soldado. Cuando llegaron los Acuerdos de Paz, se vivió una situación muy difícil. Eran 6 años de muerte, desaparecidos, persecución y también 6 años de un sentido comunitario muy fuerte basado en la fé, la unidad y la solidaridad mutua.  Se fue gestando un "Ser Comunitario." Se vivieron  6 años con operativos. Unas veces el batallón Atlacatl, otras veces el Bracamonte o la 4ª Brigada. La  gente se metía en las casas debajo de las sillas, las camas, la iglesia, en fin muchas historias… …Una vez que estábamos en una atolada vino el Bracamonte y ametrallaron el pueblo. Los niños estaban en una casa de adobe, y creímos que ese día era el final, pero gracias a Dios no lo fué…. "

Luego de los Acuerdos de Paz fue todo un proceso, y no se veían las cosas claras...