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Relatos de pobladores de Las Flores antes del conflicto.


Miguel Menjivar nos cuenta las memorias de su ninéz en Las Limas
“Cuando recuerdo la vida en Las Limas desde enero hasta diciembre, casi recuerdo que era lo que sucedía cada mes. Eran tan largos los años que había tiempo para disfrutar y sufrir cada día  y cada  mes lo que pasaba..
En enero se sentía la tristeza que ya había pasado el 31 y era comenzar otro año
de incertidumbres. Los hombres se iban a cortar café para la segunda parte de la temporada de las cortas de café y las mujeres se quedaban con los niños, pero también varios niños  que tenían mas de 10 años se iban con sus padres  también para ganar algo de dinero y ayudar en la casa. Muchos de los campesions se iban pensando en que quedaban las maicilleras casi listas para cortar; pues este era muy útil al final del verano cuando a veces el maíz no alcanzaba;  también era alimento para las gallinas y los cerdos.
Allá por febrero las cosas seguían parecidas: se comenzaba a poner bastante caliente y casi toda la gente que había ido a cortar café regresaba. La gente comenzaba a cortar el maicillo, y todo comenzaba a ponerse bastante triste. Comenzaba a haber mucho polvo  por las calles, ylos pequeños ríos  y quebradas perdían agua y otros se secaban por completo. La gente de los lugares aprovechaba esta época para construir alguna casa;   se hacían adobes y  tejas pues eran los materiales principales con que se construían las viviendas. También los árboles perdían sus hojas, solamente recuerdo que había un árbol que se llamaba almendro macho. Este árbol nunca perdía su color verde,  no importaba la estación que fuera.

Los meses de marzo y abril eran muy similares. Todo se miraba amarillo, lleno de zacate seco por todos lados. Estos eran los meses  más difíciles del año. Los árboles de madre cacao o cacaguanance daban su flores y habían muchos jocotes y mangos, los días eran calientes y toda la vegetación estaba casi seca. Se podía observar a largas distancias que las vacas andaban sueltas y se cruzaban diferentes propiedades. Todo mundo entendía la necesidad que los animales tenían de encontrar comida  a como fuera,  pues la alimentación para los animales escaseaba en el verano.
En medio de toda esa rutina que vivíamos y la escaces de todo, habían dos acontecimientos muy importantes durante el año: el 19 de marzo era la  fiesta patronal del pueblo, y era un evento espectacular; el mejor del año. Solo el 31 de diciembre le llegaba cerca. Además, cuando llegaban algunos familiares de San Salvador, eso le daba un toque final, y era algo inolvidable. Recuerdo haber ido a la fiesta de Las Flores con Tio Toño, Sarita y Napo, y era algo único.
La otra fecha especial era  la Semana Santa, pues casi siempre llegaban los familiares que vivían en San Salvador y llegaban por más de dos días. Mamá y todo mundo nos preparábamos para recibirlos lo mejor que podíamos. Ellos siempre nos llevaban algo de San Salvador. Nosotros buscábamos los mejores  mangos, los mejores jocotes y cualquier cosa que podía darles o apartarles para que se la llevaran para la capital. Siempre,  íbamos a la quebrada cerca de los Urbinas, pues había mucho cangrejo ahí. Había  un señor que se llamaba Rafael, y desde que miraba una piedra a cierta distancia en el río, decía: “allí hay cangrejo”....y bastantes veces acertaba... algunas veces fuimos a caminar a los cerros que hay a los alrededores.

El mes de mayo lo recuerdo porque como niño observaba los movimientos de los adultos y también las conversaciones eran de que las siembras ya se acercaban, el maíz que se iba a sembrar era elegido y las primeras lluvias caían en este mes. Era una alegría para todos. Recuerdo que mi mamá decía que cuando las gallinas se rascaban mucho era porque venía la lluvia,  y también recuerdo el sonido de las gotas de agua  cayendo en las tejas, así como los truenos y relámpagos. Las luciérnagas aparecían y estas  iluminaban los potreros. Era  una alegría grande pues las esperanzas de vida volvían a renacer.  Todos los pobladores se dedicaban a trabajar muy duro en condiciones bien difíciles.
Las milpas y frijolares se sembraban en mayo. En junio se le daba mantenimiento a las milpas. En este mes era puro cuidar las siembras, abonar y vigilarlas de los animales monteses que también  buscaban como alimentarse de las siembras, pues los espantapájaros funcionaban por un par de días solamente ya que luego se acostumbraban a ver los pedazos de ropa que los  pobladores ponían en algún árbol.

A fines de julio,  y las primeras semanas de agosto era muy bonito. Habían muchas frutas silvestres como charrales monteses que daban frutas que se comían; y que compartíamos con los pájaros. Había  elotes, frijoles nuevos,  anonas  etc. Con los elotes se hacían muchas cosas desde atol  hasta tamales y riguas.

En general  había mucho que comer, no solo para los humanos sino también para los animales, especialmente los cerdos que se alimentaban de desperdicios de maíz y del monte que nacía con las lluvias.

A finales de agosto se comenzaban las siembras de frijol otra vez. Se llamaba los frijolares de agosto. Por lo general se buscaba  hacerlos en tierra diferente que donde se cultivó la cosecha de mayo,  incluso habían personas que sembraban maíz otra vez, pero no se daba igual que las siembras de mayo
En septiembre no recuerdo que hubiera mucha actividad, pero siempre había algo que hacer, como preparar leña, que siempre era una aventura, pues rápido se terminaba. También se iba a pescar  o casar animales monteses, lo cual se hacia cuando se tenía algo de tiempo libre.
A mediados de octubre los frijoles estaban listos otra vez. Había que arrancarlos de la tierra, ponerlos a secar como por una semana y después había que darles con un garrote, lo cual llamábamos aporrear, lo cual era divertido pero era algo peligroso pues allí se escondían alacranes, hormigas y otros insectos que causaban picaduras dolorosas.

En los meses de octubre había un período que no había mucha actividad de trabajo, y los que no éramos adultos podíamos jugar a los trompos, volar barriletes o piscuchas, como les decíamos en nuestros lugares.
Los adultos se preocupaban por sus frijolares, sus cosechas  que habían sembrado. En octubre también comenzaban las conversaciones de las cortas de café que  se acercaban en noviembre y diciembre. Las muchachas siempre ayudaban a sus madres en la casa, aunque había un buen  número de ellas que iban a la escuela, al  igual que los muchachos. Siempre habían aquellos campesinos muy conservadores que consideraban ir a la escuela como perdida de tiempo, pues querían que sus hijos aprendieran a cultivar milpas al igual que ellos.
Nuestra gente por lo general se casaba muy joven, por lo cual tenían  muchos hijos. Por lo general el papá se alegraba cuando el hijo era barón porque en algunos años más ayudaría en el trabajo agrícola. Las mujeres tenían que aprender a cocinar y  hacer cosas en el hogar pues sus madres las preparaban  para cuando un día tuvieran que casarse para poder desempeñar las  obligaciones del hogar.
Diciembre era otro mes alegre. Las personas que habían ido a cortar café regresaban a sus hogares. Había un poco de dinero y todo mundo estrenaba algo de ropa  nueva, especialmente cuando se acercaba la Navidad y Año Nuevo. Durante estos días había mucha actividad y cada familia ya había seleccionado que gallinas  o cerdo  iban ha ser las victimas para ese año."