2pxLas Flores


 

Mitología
La mitología o las creencias sobre las acciones de personajes subreales, al igual que en otras partes de El Salvador, formaba un papel importante en la vida cotidiana de los floreños. La siguanaba, el cipitillo, el cadejo negro  y el blanco, entre otros, eran parte de las historias de los hombres tunantes. La siguanaba parecía ser el personaje favorito de la mayoría, especialmente de los hombres. Estos narraban historias de como la mujer de pechos caídos y cabelleras abundantes y despeinadas se les subía al caballo o se les aparecía en el camino sentada en una piedra o lavando ropa en el río, carcajeándose. Este encuentro usualmente se daba cuando el hombre venía de ver a su novia o a su amante de otro caserío.

En el pueblo nunca supimos de un personaje mitológico que fuera propio de la idiosincracia del municipio. Las historias de aparecimientos generalmente se daban alrededor de todos los íconos mitológicos a nivel nacional.

La siguanaba
La siguanaba en acción

Identidad cultural
Los pobladores del municipio no teníamos actividades de carácter cultural que nos identificaran como tales. Es mas, no había nadie que hablara o mencionara actividades de promoción de algunos valores culturales típicos del municipio.  No había gente creativa en el arte o en otros aspectos de identidad cultural. Eramos un pueblo aburrido y sin pasión. No existía ningún lugar donde se mantuviera alguna conexión con el pasado, tal como un museo, casa de la cultura u otra forma de preservación de cosas materiales o de carácter artístico. Toda la conexión existente con el pasado era por medio de relatos de los más adultos, con la esperanza de que se fuera transmitiendo el conocimiento del pasado con historias narradas de generación en generación.

Sustos y espantos
Era muy común que entre los pobladores de todos los cantones del pueblo se diseminaran historias de aparecimientos paranormales en caminos, calles y ríos. Por lo general, estas historias eran narradas por hombres, quienes usualmente contaban que cuando iban en tal camino, de repente se les aparecía un bulto en forma de animal o cualquier otro ser viviente con características o capacidades extraordinarias. Las pasadas generalmente eran contadas a los niños cuando se reunían por las tardes o temprano en la noche, como una forma de entretenimiento y con la intensión de que ellos continuaran la tradición. Muchos de estos sustos o espantos estaban relacionados con gente muerta o con personajes de la mitología salvadoreña. Muchas de las pasadas también estaban relacionadas con actividades tales como la pesca nocturna y caminar por lugares donde alguien había fallecido o había sido sepultado, tal como cementerios. 

Otros lugares donde con frecuencia se aparecían los sustos eran las quebradas, zonas oscuras, callejones, caminos cubiertos de matorrales y lugares donde había alguna cruz, indicando que alguien había sido asesinado allí.

Pasadas
Vivencias de habitantes del pueblo y sus cantones que en su mayoría son ficticias, pero que también pueden ser vivencias verídicas de la vida cotidiana. Las pasadas se podrían clasificar en dos categorías: Las de acontecimientos reales y las creadas por la imaginación de los pobladores. Los habitantes de todos los cantones de Las Flores compartíamos la tradición de contar exageradamente algunas aventuras relacionadas con actividades típicas de la vida campesina. Las pasadas usualmente involucraban hombres adultos quienes narraban vividamente como ellos habían realizado tales osadías. Por ejemplo, podía mencionarse el hecho de que alguien había matado un perro con rabia cuando estaba a punto de morder a otra persona, o como un caballo chúcaro había sido domado por alguien rápidamente y sin lazo. Las pasadas que envolvían personajes mitológicos o paranormales eran más elaboradas y generalmente ocurrían en la oscuridad o serca del amanecer: " Fijate que cuando andabamos pescando en la Chorrera del Guayabo,  nosotros ya le habíamos echado chingaste a las hornillas, y cuando ibamos a chequiar para ver si había pescado comiendo,...que salen dos caballos blancos corriendo cabal encima de las hornillas. Nojotros dijimos: ve que caballos hijos de puta, hoy si se cagaron en nosotros, y espantaron todo el pescadito. Pero cuando nos acercamos a ver, las hornillas estaban como si nada. El agua estaba limpia y habían varias mojarras y hasta bagres comiéndose el chingaste que les habíamos echado. Rápido tiramos la atarraya, y agarramos un cachimbo de  pescado. Después cuando nos pusimos a pensar en lo que había pasado con los caballos, nos dió gran culillera y nos fuimos chipustiados de allí."Naipe
Jugando naipe en el centro del pueblo,

Contar cuentos y leyendas 
La tradición de contar cuentos predominaba entre los adultos y los jóvenes. Era típico encontrar ruedas de niños escuchando a alguien contar un cuento. La mayoría de cuentos tenían sus origenes en la cultura Arabe, y muchos habían sido adaptados a las costumbres y  creencias locales.  Contar cuentos era un pasatiempo que generalmente se practicaba en el atardecer, cuando muchos del caserío o el cantón se reunían en algún punto estratégico del lugar. Generalmente eran las personas mayores las que cumplían esta tarea, y era uno de los entretenimientos favoritos de niños y niñas. En los cantones donde había energía eléctrica muy pocas familias contaban con algún televisor, por lo tanto el escuchar cuentos y leyendas continuaba siendo uno de los pasatiempos favoritos.