2pxLas Flores


 

Composición familiar
Una familia típica del pueblo o sus cantones estaba formada por un padre y una madre y por lo común varios hijos. El padre era el personaje dominante, y lo que el decía era una orden. La madre generalmente se regía por lo que el esposo dictaba. Familia
La gran mayoría de familias campesinas eran numerosas. La idea arraigada en la población sobre "tener los hijos que Dios quiere" era la tónica común entre la gente, y nadie se atrevía a cuestionar ese precepto reforzado por la Iglesia Católica. Esa situación provocaba la muerte de muchas mujeres ya que los servicios de salud eran precarios y a esto se sumaba la mala situación nutricional de las mujeres que daban a luz.  Las familias floreñas teníamos muchos retos que eran producto de la escases de recursos y servicios a que teníamos acceso.

Muchos de los habitantes de Las Flores y sus cantones somos descendientes de familias de campesinos españoles procedientes de la parte norte de España que fueron traídos a mediados del siglo XIX a estas tierras.

UrbinaDescendencia de la familia Urbina.

El concepto de familia siempre ha sido expandido a mas allá del núcleo del padre y la madre. Para los salvadoreños, la familia se expande a los demás familiares del esposo y la esposa. En la práctica, la familia actuaba como una entidad expandida en la mayoría de casos. Los tíos y primos jugaban un papel importante en nuestras vidas. También era muy importante el papel de los vecinos y demás miembros
del cantón pues generalmente dependíamos los unos de los otros para lidiar con emergencias y otras situaciones especiales típicas de la vida rural. Por ejemplo, si alguien se enfermaba gravemente, era necesario llevarlo en hamaca hasta al pueblo, o hasta la parada del bús que le llevaría al hospital de la cabecera departamental. Para ello se  necesitaba de la ayuda de amigos, vecinos o familiares para transportar al enfermo. La vida en los cantones del pueblo era dura, pero al mismo tiempo tenía muchas cosas buenas, que hacía que los que vivíamos en ellos tuviéramos un nivel de vida satisfactorio. La falta de recursos materiales no impedía que los pobladores vivieramos felices y  que nos sintiéramos satisfechos con la forma de vida que teníamos.
Cosas y acontecimientos pequeños nos hacían sentir muy bien. Por ejemplo, para los niños era muy satisfactorio cuando nos compraban zapatos nuevos de cuero o hasta de hule, pelotas de plástico, libros o cuando alguien nos llevaba dulces o culquier otra golosina de la ciudad. Para los adultos resultaba muy satisfactorio cuando se podían comprar un aparato de radio, pelotas de fátbol, una pistola o fusil, naipes,  herramientas  nuevas,  o también cuando compraban ropa para ir al pueblo los domingos. La satisfacción con el nivel de vida que teníamos radicaba en darle un valor importante a cada cosa o acontecimiento por insignificante que pudiera lucir. Sembrador
Cada cosa que obteníamos era el producto de mucho esfuerzo, y todos le sacabamos el máximo provecho a lo que habíamos adquirido con el fruto de nuestro sudor.